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EL ENVEJECIMIENTO DEL ENVEJECIMIENTO

El envejecimiento generalizado que impera en nuestro país se hace notorio en la demografía de las prisiones españolas.

El incremento de los ancianos privados de libertad, en número absolutos, marca una tendencia de crecimiento imparable. De hecho en el año 1985 encontrábamos un total de 108 presos mayores de 60 años, alcanzando la cifra de 1.988 internos en el año 2015. Este incremento sustancial no es exclusivamente debido al aumento de la población en general, ya que ésta no lo ha hecho con respecto a la población reclusa, sino que encontramos otros muchos factores como el aumento de la duración de las penas en delitos como la violencia de género, los delitos contra la seguridad vial o delitos relacionados con el maltrato animal que desde hace poco tiempo están tipificados. Si esta tendencia sigue creciendo en pocos años se tornará en un serio problema en el ámbito penitenciario.

La ley y los mayores

Los presos mayores de 70 años pueden acogerse a la libertad condicional anticipada, recogida en los artículos 100.4 del Reglamento Penitenciario y 91 del Código Penal, pero ésta no se está otorgando lo que debiese por los requisitos exigidos. En primer lugar, algunos de los presos septuagenarios se encuentran en la primera etapa de sus condenas o incluso en preventivos. En segundo lugar, los delitos cometidos por éstos son recientes y catalogados como muy graves. Por ello, generalmente, si se otorga la libertad condicional, se realiza, más bien, por razones humanitarias que penitenciarias.

Igualmente, las leyes penitenciarias actuales no contemplan establecimientos especiales para los internos mayores de 60 años. Lo único recogido es lo que estipula el artículo 72.1 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, el cual hace referencia al sistema de individualización científica de los penados, pero no a un establecimiento especial, regímenes o cuidados especiales para estas personas privadas de libertad.

Ancianos en prisión

Con respecto a los ancianos que han participado en el estudio en el que se basa este artículo son personas que no plantean ningún tipo de problemas, ni a los funcionarios, ni a los demás internos y representan una minoría dentro de la prisión. De hecho, son 47 personas de los 1.293 internos que actualmente tiene el Centro Penitenciario de Huelva. Se trata de personas con los mismos beneficios e imposiciones que los demás presos y en ningún momento obtienen beneficio alguno por su condición de edad y/o salud.

Los internos mayores de 60 años viven y pasan la mayor parte de su tiempo en Módulos Ordinarios, de Respeto o en la Unidad Terapéutica Educativa y pasan los días entre la inquietud y el desasosiego de no saber qué va a pasar con ellos. Generalmente tienen condenas largas, pocos años cumplidos de la misma y unos estados de salud delicados. La mayoría de los ancianos que han participado en el estudio ha roto su vinculo afectivo con sus familiares, bien sea porque éstos han cometido delitos dentro del seno familiar o simplemente porque carecen de cualquier vinculo.

He podido constatar, en cuanto al delito cometido, cómo la mayoría de los presos mayores de 70 años que están condenados por un delito principal, el homicidio y sus formas, generalmente contra sus esposas o parejas, no son reincidentes y están condenados a una media de 15 años. Destacable es que los delitos cometidos por estas personas son realizados bajo una total responsabilidad, sin que medie en los mismos ningún tipo de demencia o de trastornos psicológicos. Con respecto a aquellos internos sexagenarios, éstos cometen dos tipos de delitos bien diferenciados. En primer lugar, la mayoría de ellos son condenados a penas de prisión por delitos contra la salud pública, pero aquí encontramos una gran diferencia. Aquellos internos que están casados, con hijos, que tienen ingresos, bien sea derivados de la pensión o porque aún trabajan y que tienen vivienda propia, son condenados por delitos contra la salud pública pero dependientes del narcotráfico y/o contrabando, es decir, tráfico de drogas. Sin embargo, los internos solteros, sin hijos, con pocos ingresos, que viven en domicilios ajenos y que están condenados por la misma tipología delictiva, han cometido el delito a causa de las adicciones que padecen. En segundo lugar, abundan los delitos de índole sexual, sean éstos abusos sexuales: los primeros contra los hijos de sus parejas o conocidos de éstas, la mayoría de ellos a menores de 13 años, y las agresiones sexuales a personas conocidas dentro del circulo familiar o de amistad del interno.

Cárceles o geriátricos

Haciendo números, los presos ancianos, aquellos que no representan un peligro para la sociedad, cuestan diariamente a nuestro país 65 € al día, lo que supone 1.950 € al mes. Distintos economistas de nuestro país resaltan que es ridículo el despilfarro de dinero que se destina a mantener encerradas a personas que ya no deberían de estar en la cárcel, pero cierto es que si la tendencia sigue como hasta ahora, tendremos que preguntarnos si sería conveniente crear más cárceles que geriátricos.

Respecto a aquellos internos que he visitado en prisión, y si tuviese que pronunciarme sobre el trato que se les dispensa a los mismos, he podido percibir que no se les trata mal. No es que la prisión sea buena para llevar la ancianidad allí, pero dentro de lo malo, Instituciones Penitenciaria les otorga un buen trato y les dispensa todas las necesidades que precisan. A la cuestión de si los internos mayores tienen una calidad de vida en prisión aceptable en España, yo diría que sí, pero con matices. Desde mi humilde posición considero que podría activarse un plan de actuación de medidas para la mejora, aún más si cabe, de la calidad de vida de los internos mayores de 60 años privados de libertad. Debe crearse un conjunto de medidas asistenciales para aquellos internos que no posean ningún tipo de ingresos, medidas de índole tratamental, basadas en la mejora de las relaciones de los ancianos dentro de prisión, junto con un aumento de actividades de ocio y entretenimiento, medidas que promuevan el acogimiento familiar o, en su defecto, institucional; así como medidas garantistas para las personas dependientes que se encuentren internas en los Centros Penitenciarios. Si esto se llevara a cabo y fuese posible, conseguiríamos reducir, un poco más, la invisibilidad que sufren estas personas.

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