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V2: el arma que pudo decidir el curso de la guerra

Mientras que el impacto de un V2 podía matar unas 5.000 personas, en su fabricación perecerían entre 10 y 20 mil esclavos, en su mayoría prisioneros de guerra que sucumbirían a la falta de alimentación e higiene, epidemias y enfermedades.

David Romero – La Iniciativa

Han pasado tres meses desde que tuvo lugar el mayor despliegue naval militar de la Historia. Las maniobras de distracción de los aliados han funcionado y han conseguido arribar a las costas francesas 6.939 buques, 15.6177 soldados y 11.590 aviones. El desembarco de Normandía y el día D han supuesto el desvío de las tropas alemanas hacia el frente occidental permitiendo el avance de los soviéticos hacia Berlín, así como la expulsión de los nazis de Francia y un gran golpe estratégico que pone fin a las ambiciones alemanas de expandir su territorio. Aún así, un Hitler histérico condena a todo aquel que se atreva a hablar de perder la guerra y se prepara para exprimir todos sus recursos y utilizar toda su potencia armamentística.         

Los alemanes habían estado haciendo algo inaudito: lanzar aviones no tripulados con una carga explosiva desde Europa continental atravesando el Canal de la Mancha para llegar a sus objetivos en Inglaterra. Estas bombas volantes, llamadas V1 (Venganza 1), eran propulsadas por pulsorreactor y utilizaban un avanzado piloto automático giro-estabilizado de 3 ejes, podían cargar una tonelada de explosivos y volar a una velocidad de 600 Km/h. Sin embargo, hacían demasiado ruido, y su característico zumbido, que se hizo familiar entre los ingleses, las hacían fácilmente detectables para las contramedidas antiaéreas, que las interceptaban en un alto porcentaje.

Primeros vuelos

Hasta que el 6 de septiembre, una ojiva de una tonelada que nadie había oído ni visto venir, deja reducida a escombros una calle de Londres. Las nuevas bombas V2 son indetectables. La altura y la velocidad máxima de 5.700 Km/h en su etapa supersónica, que ahora alcanzan, las hacen imposibles de detectar para los radares y tremendamente difíciles de derribar por el fuego antiaéreo. El servicio de inteligencia británico inicia inmediatamente una carrera a contrarreloj para salvar al país en la que la única manera es cortar los ataques de raíz.

Al norte de Berlín, la ciudad de Peenemünde, dedicada durante años a la investigación y desarrollo de lanzamientos de cohetes para llegar al espacio, se dedica ahora exclusivamente a cohetes que puedan transportar y detonar cargas explosivas. Hitler está poniendo mucha esperanza en ello y se aferra a que su arma secreta V2 pueda cambiar el curso de la guerra.

En las instalaciones, los ingenieros trabajan a pleno rendimiento a las directrices de Wernher von Braun, el ingeniero que diseña y construye V2, cuya obsesión desde niño por llegar a la Luna cuando lanzaba sus propios cohetes en miniatura le llevó a la Universidad Técnica de Berlín, donde se doctoró y colaboró en varios proyectos espaciales. Pero cuando el partido nazi llega al poder, les encuentra un nuevo uso y todo el programa pasa a estar al servicio del ejército.

La respuesta

Los aviones de la RAF, que por aquel entonces ya dominaban el espacio aéreo, consiguen obtener fotografías de la zona de operaciones de cohetes V2, permitiendo poner en marcha la operación Hydra para destruir Peenemünde. El bombardeo tiene lugar la noche del 17 de agosto. Sin embargo, tras el ataque, aún quedan en pie algunos laboratorios, y Wernher von Braun consigue refugiarse en un búnker salvando junto a él los documentos clave del proyecto. Los nazis logran trasladarse con todo a una mina abandonada desde donde continúan produciendo y operando sin descanso. Consecuencia de ello y para sorpresa de los aliados, los cohetes V2 siguen volando y sólo en el mes de diciembre llegan cientos de ataques a Gran Bretaña y más de mil a Bélgica.

Mientras que Hitler, encantado con su sigiloso artefacto que recorre 300 Km en 5 minutos, celebra una ceremonia donde condecora a Wernher von Braun y su equipo, el MI6 manda de vuelta espías nazis capturados, como agentes dobles, recién salidos de la sala de interrogatorios, para entregar reportes falsos a los alemanes sobre el impacto de las bombas, desviarlas hacia zonas seguras y hacerles creer que su orientación es certera.

El ocaso de V2, el origen de un nuevo descubrimiento

No es hasta principios de año cuando Hitler empieza a aceptar que no tiene nada que hacer. Sabe que pierde, pero se agarra a su milagro volador y lo fabrica a toda máquina triplicando la producción. El trabajo en la cadena de montaje del interior de una mina en absoluto habitable paga un coste altísimo en vidas. Mientras que el impacto de un V2 podía matar unas 5.000 personas, en su fabricación perecerían entre 10 y 20 mil esclavos, en su mayoría prisioneros de guerra que sucumbirían a la falta de alimentación e higiene, epidemias y enfermedades.

         V2 sigue impactando en viviendas y mercados, pero los datos falsos del contraespionaje británico les hacen fallar cada vez más y los aliados están a punto de cruzar el Rin. Es el fin de V2. La tecnología alemana quedará disponible. Comenzará ahora una nueva contienda por hacerse con ella, de forma que los aliados pugnarán entre ellos por llevarse el mayor número de avances científicos y tecnológicos nazis. Y si eres EEUU querrás hacerlo antes que los soviéticos.

De todas formas, los ingenieros creadores de V2 no dudan en su preferencia de ser capturados por EEUU y no por los rusos. Facilitan su encuentro y se acomodan a esperar su rendición.

         EEUU se apropia así de los recursos que le permitirán desarrollar su propio programa de cohetes y Wernher von Braun comienza a trabajar para los americanos.

Los ataques con V2 no constituían una estrategia militar audaz, todo se basaba en poner a funcionar una tecnología notablemente más avanzada que la de sus rivales. Las investigaciones de EEUU en la misma materia, lastradas por la falta de financiación dan un salto de décadas gracias a la extracción de los recursos alemanes. Las aportaciones de Wernher von Braun jugarán un papel capital en la Guerra Fría y será el principal diseñador del Saturno V, que durante los años 1969 y 1972 llevaría a los estadounidenses a la Luna.

         Wernher von Braun, pasará de ser, no hace mucho tiempo, el cerebro detrás de mortíferos ataques y de contribuir a la barbarie nazi, a ocupar cargos directivos en la NASA, estrechar manos de presidentes, recibir numerosas medallas y que bauticen un cráter lunar con su nombre.

         La controversia está servida por el hecho de contratar y proteger a criminales de guerra y aprovechar información que desencadenó actos y experimentos que jamás debieron suceder. Pero lo cierto es que, lamentablemente, a lo largo de la Historia, un sinfín de descubrimientos en medicina, física, biología, genética, zoología, química, anatomía, ingeniería… han sido enturbiados por prácticas inmorales y poco éticas, y constituyen los cimientos sobre los que se sustentan la ciencia y tecnología actuales.

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