LA MEZQUITA DE SEVILLA Y LA INTEGRACIÓN IDENTITARIA
El pasado día 8 de octubre acudí a la manifestación convocada por la Federación CAIS contra la construcción de la mezquita de Sevilla en el Polígono Sur.
Pablo Rodríguez de Ledesma Vega
Me fui profundamente decepcionado al comprobar que la mayor parte de los asistentes éramos personas ajenas al barrio y que la movilización de los propios vecinos era escasa, casi inexistente.
Tras una acalorada reacción —«¡Esta gente se merece tres mezquitas, no una!»—, me asaltó una reflexión: quizá esa falta de interés se deba, en parte, a que todavía no se perciben las consecuencias que determinadas transformaciones urbanas y sociales pueden tener a medio y largo plazo. Quizá falte información sobre lo que ha ocurrido en otros lugares de Europa, como Molenbeek, en Bélgica, o Saint-Denis, en Francia.
Esta misma mañana me encuentro con noticias sobre los graves disturbios en Francia, en una ciudad maravillosa como París, donde tuve el privilegio de vivir durante varios años. En Saint-Denis, municipio limítrofe con París y con unos 150.000 habitantes, la polémica ha vuelto a cobrar protagonismo tras unas declaraciones atribuidas a su alcalde, Bally Bagayoko, de origen maliense, en las que habría defendido que «la violencia puede ser legítima». Unas palabras que, viniendo de alguien que ha sido acogido, merecen una reflexión sobre el «éxito» de la integración y multiculturalidad.
No hace falta ser visionario para preguntarse qué puede ocurrir dentro de unos años en el Polígono Sur y en los barrios colindantes si las decisiones que se toman hoy no tienen suficientemente en cuenta sus consecuencias futuras.
Porque no hablamos de un lugar remoto ni de una periferia aislada. El Polígono Sur está a escasos 500 metros del centro histórico, pegado a algunos de los barrios más emblemáticos de Sevilla. Se trata, además, de una zona que ya arrastra graves problemas sociales y económicos, y donde cualquier decisión de esta envergadura debería abordarse con especial prudencia. El proyecto, lejos de contribuir a resolver esos problemas, añadirá nuevas dificultades de convivencia con el riesgo evidente de radicalización religiosa.
Será como encender una cerilla en medio de la yesca seca.
Todo esto está ocurriendo con la complicidad de un PP miope, miedoso, acomplejado y egoísta, que ha dado todos los permisos sin mirar al futuro sino a los votos que pueda perder o al dinero que va a recibir el consistorio. De las izquierdas ni hablamos, ya sabemos que se alían sin pudor con el islamismo más radical con tal de gobernar.
Así no, José Luis Sanz. Así no.
Por eso, pese a mi decepción, no pienso rendirme. Volveré a acudir a las próximas convocatorias y espero que esta reflexión sirva para despertar la conciencia de los vecinos del Polígono Sur y de los barrios colindantes, que tienen derecho a conocer el alcance de las decisiones que afectan a su entorno y a participar activamente en ellas.
El futuro de nuestros barrios no se improvisa. Se defiende hoy, antes de que sea demasiado tarde.
