Millones de personas murieron en una lucha tan heroica como anónima, asesinados por los padres ideológicos de los que hoy acuden a formar gobiernos en las democracias con pines en las solapas para declarar su apoyo a la lucha contra una ideología genocida cuando apoyan a otra igual de asesina. Debe el lector preguntarse ahora, ¿cuál es la catadura moral de estos individuos?