GUERRA DE GUERRILLAS CULTURAL
Que lo que se presenta como nuevo no siempre es mejor que lo tradicional, lo contrastado por el crisol de la historia.
Antonio Mora
La batalla cultural contra el globalismo woke, tan necesaria para que las ideas de la libertad triunfen después electoralmente y poder cambiar las cosas, se encuentra con un muro, aparentemente insalvable, en la universidad pública. Son recientes los violentos escraches a Iván Espìnosa de los Monteros, Isabel Pérez Moñino, Macarena Olona… como lo habían sido, mucho antes, a Rosa Díaz o a Felipe González. Contra lo que pudiera pensarse, un ámbito llamado a ser el idóneo para el diálogo sereno entre defensores de posiciones contrarias, no lo es en absoluto. Se proscribe el debate en
aras de un objetivo a largo plazo: la imposición ideológica de una forma de pensar fracasada en su práctica, que pretende “vencer con violencia” ante la imposibilidad de “convencer con argumentos”. Se anula, en esos espacios públicos, la libertad de expresión. Nunca se evidenció tanto que, para el totalitarismo socialista, la Democracia es el “camino” y nunca el “destino”. Jóvenes, y no tan jóvenes, estudiantes enmascarados, incapaces en sus soflamas de llegar más allá del “fascista-racista-xenófobo-discurso de odio», que es algo así como el “caca-culo-pedo-pis” de este infantilismo de izquierdas, amenazan con violencia a cualquier persona que no sea de su cuerda totalitaria socialista, cercenando cualquier debate de raíz, máxime si se pretende replantear asuntos sobre los que la ultraizquierda ya cree haber sentado cátedra.
Opino, a pesar de todo lo anterior, que se debe seguir intentando dar charlas en la universidad pública, denunciando ante los juzgados cualquier comportamiento violento (algunos de esos estudiantes no tendrán mucho que resaltar en sus C.V., así que, al menos, que puedan poner sus antecedentes penales). También se debe abrir otro debate: ¿es razonable financiar con fondos públicos “de todos”, los cortijos totalitarios de “algunos”? ¿no sería más conveniente “exportar” capital humano de esos profesores y alumnos del Soviet universitario al sector educativo privado? Así, si, por ejemplo, fundan la “Universidad del Padrecito Stalin” pero se la pagan ellos, nadie objetará nada.
Dado que somos españoles, creo que, además del combate frontal en los campos tomados por la ultraizquierda, deberíamos recurrir a nuestra mejor aportación nacional al arte de la guerra: la guerra de guerrillas. Me refiero a la creación de pequeños grupos de charlas y debate; de conferencias; de clubs de lectura o cine; a la participación activa y organizada en redes, emisoras de radio, universidades privadas, etc. Estas acciones pequeñas escaparán mejor a la dictadura y a sus colectivos escrachadores. Se trata de explicar a quien quiera escuchar, que hay más formas de pensar la realidad además de la progre/woke, formando e informando a padres, vecinos, compañeros de trabajo, etc. De proporcionar “munición argumental” para debatir, sobre leyenda negra, derecho a la vida, servicios públicos, economía, historia etc. De negarnos a ver/escuchar/leer las manipulaciones con las que, a través de bufones y tertulianos ensobrados de variopinto pelaje, nos intentan domesticar. Se trata de evidenciar que la libertad es fértil y el totalitarismo es estéril. Que lo que se presenta como nuevo no siempre es mejor que lo tradicional, lo contrastado por el crisol de la historia. Y, como siempre, hacerlo sin miedo a nada ni a nadie.
