LA REVOLUCIÓN ÚTIL
pABLO gEA
Santiago Abascal y Manuel Gavira llenan las calles de Huelva y Cádiz con un mensaje de cambio del sistema político y de fin de la clase política tradicional. A la vez que se firman acuerdos de gobierno en Extremadura y Aragón.
Guste o no, y paradojas de la vida, Vox ha acabado capitalizando el voto ‘antisistema’. No hablamos del voto antisistema clásico, esto es, el del que preferiría ver todo arder sin tener un recambio claro. Hablamos del voto ‘antisistema’ procedente de todos aquellos ciudadanos -votaran a quien votasen antes- que han llegado a la desagradable conclusión de que el sistema les ha fallado. Les ha fallado en todo, y se ha entregado a la defensa de grupos y colectivos que nada tienen que ver con ellos. Cuando el ciudadano autóctono se convierte en minoría, ¿qué pasa? ¿Qué sucede cuando la mayoría se ve a sí misma acorralada y se siente extranjera en su propia tierra? Esto es la ‘prioridad nacional’.

Por mucho que los medios que sobreviven por la publicidad institucional que astutamente canalizan tanto el Partido Popular como el Partido Socialista se empecinen en ridiculizar y tergiversar interesadamente este concepto, un análisis más pulido y matizado permite evidenciar que lo que se está poniendo encima de la mesa es el justo retorno de lo que el ciudadano paga en el seno de un sistema tributario en gran medida confiscatorio. Porque sí, si alguien se toma la molestia de analizar cuidadosamente los acuerdos alcanzados en Extremadura y Aragón, descubrirá que es la solución más razonable al despilfarro crónico en que el bipartidismo ha convertido los servicios públicos. Pues, en concreto, lo que se ha firmado es la prioridad de los españoles en el acceso a la vivienda de protección social, así como a las ayudas y a las prestaciones económicas, con una bajada generalizada de las tasas impositivas y deducciones tanto para familias como para jóvenes.
A esto se añade una liberalización del suelo que resultaba ya obligada y que rompe con unas de las principales causas del encarecimiento de la vivienda en España y de que la expulsión de los que debieran ser propietarios hacia el mercado del alquiler tensione hasta límites imposibles los precios de los arrendamientos. Construcción de vivienda social protegida, avales para la compra de primera vivienda y moratoria en el pago de hasta diez años sin intereses.
Y en el campo de la Sanidad, tan castigado en Andalucía, hablamos del incremento en millones de euros para su presupuesto, la mejora y dignificación de las condiciones laborales de los sanitarios, así como la gratuidad de la educación para niños de cero a tres años. Un importante alivio para la difícil situación financiera a la que se ven obligadas a hacer frente las parejas jóvenes durante los primeros años.
Medidas sociales que han tenido que ser arrancadas al Partido Popular tras duros meses de negociación y que, a diferencia de las planteadas por el Partido Socialista en su programa, no suponen demagogia vacía que ni sus mismos votantes se creen ya, sino instrumentos viables, prácticos y concretos para mejorar la vida de extremeños, aragoneses, y de los españoles residentes en cualesquiera otras comunidades autónomas para cuya gobernanza puedan alcanzarse entendimientos de la misma índole.

Por eso, y a pesar de la deliberada negligencia de las autoridades públicas que han permitido que los actos de Vox hayan sido escracheados por los adalides empoderados de la libertad de expresión con las miras puestas en Irán y en China, multitud de trabajadores se han dejado caer para apoyar no sólo a una fuerza política, sino al movimiento soberanista que entienden que defiende mejor sus intereses que las promesas manidas de los partidos que llevan años alternándose en el poder y ofreciendo tan sólo mejoras cosméticas en vez de cambios profundos. Una revolución en toda regla. Pero una revolución útil.
