SIN RECURSOS Y SIN RESPONSABILIDAD
Como en el caso de la DANA, la burocracia, la falta de recursos y el juego político se traduce en pérdidas humanas, materiales y naturales que no son asumibles
Pablo Gea
Si hay una verdad elocuente que se desprende de los incendios que están asolando nuestro país este verano es la falta de recursos de los que se adolece para hacer frente a los peligros de verdad cuando la tragedia llama a la puerta. Es lo mismo que con la DANA, el apagón y el Covid. A la hora de la verdad, la administración se demuestra torpe, el Gobierno indeciso y los profesionales maniatados.
Todo el año asistiendo a un espectáculo vergonzoso en los parlamentos y en las televisiones, salpicados de políticos preocupados por mantener sus prebendas y por hacerse la foto. Pero cuando llega el momento de dar la talla, son sólo los héroes anónimos los que dan la cara. Suma y sigue, porque los ciudadanos no son estúpidos. Pudiera parecer que la degradación continua de la vida pública va paso de generar una suerte de indiferencia en el español medio sobre la incompetencia cada día más evidente de quienes nos gobiernan. Pero lo cierto es que, aunque los detentadores del poder cuentan con ello, millones de persona en este país toman nota diligente de lo que está sucediendo.
A Pedro Sánchez casi lo matan a palos en Paiporta. Aviso a navegantes, porque el genio español, como diría Azaña, puede salir de la botella en cualquier momento. Y no especialmente para cumplir con los deseos de la clase política. Quienes lo habían perdido todo y quienes, sin estar ahí, empatizaban en sus corazones con esos pobres desgraciados, comprobaban indignados cómo el sistema político español fallaba de manera estrepitosa. Muchos, independientemente de sus preferencias políticas, se preguntaban: ‘¿Cómo es posible que se paguen los impuestos que se pagan aquí y que luego no haya recursos suficientes para atender a las emergencias de verdad cuando estas se presentan?’
Como las llamas que avanzan implacablemente arrasando todo lo que se interpone en su camino, una lógica se abre paso con idéntica agresividad. Millones de euros destinados a chiringuitos con la excusa de un montón de emergencias que en el fondo sólo responden a las ocurrencias del político de turno. Pero luego no hay bomberos. Se nos llevan dando la tralla con eso de la ‘emergencia climática’, pero en realidad el abandono del campo ocasionado por esa política suicida es el responsable de que el fuego no pueda detenerse.
Ábalos se trajo sus prostitutas de Valencia porque las de Teruel no le convencían, mientras que la demanda por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de efectivos, vehículos y material es sistemáticamente desatendida porque no se previó nada para ello por parte del burócrata que tenía que decidirlo y porque el dinero se había gastado en pintar puntos violetas en las aceras para que a las mujeres no las violen los mismos tipos que el Gobierno ha sacado de las cárceles.
El reverso es tan doloroso y el contraste tan nítido que el Presidente ha tardado varios días en comparecer. Los necesarios para que su equipo de comunicación preparara la escena convenientemente. Todo para anunciar que se va a seguir persistiendo en el mismo error y tratar de engatusar al respetable con retórica vacía. Más allá del juego de máscaras que encubre el engaño, se presenta un momento idóneo para que los ciudadanos exijamos que el dinero que Hacienda nos saca sin piedad del bolsillo se invierta en lo que de verdad importa, y no en los caprichos de unos irresponsables que juegan con las vidas humanas como si de soldaditos de juguete se tratara.
