Viernes, 12 de junio, 2026

TRES CLAVES GEOPOLÍTICAS DE LA CAÍDA DE MADURO

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El tablero de la geopolítica se ha estremecido notablemente tras la captura de Nicolás Maduro y su mujer, forzando un cambio de rumbo y muy probablemente de régimen en Venezuela.

Pablo Gea

Una vez asentado el polvo levantado por una operación militar quirúrgica, se entrevén varios elementos que es imprescindible tener presentes para entender lo que ha sucedido y lo que puede suceder.

PRIMERA. LA MOTIVACIÓN ESTADOUNIDENSE.

En la que no cabe incluir nociones de carácter humanitario. Se trata de cálculos geopolíticos y nada más. Cálculos que incluyen elementos de carácter ideológico, económico y de proyección política. Recordemos que los Estados Unidos de América nacieron desde el primer momento como una nación con un sentimiento mesiánico de expansión que se concretaría en El artículo escrito por el periodista John O´Sullivan titulado ‘Anexión’. En él se defiende la idea del pueblo estadounidense como el ‘pueblo elegido’ por Dios, legitimado para apropiarse de cualquier territorio destinado a formar parte del país. Un pueblo que puede actuar así en base a su superioridad racial, religiosa, cultural, técnica y política sobre los pueblos hispanoamericanos. El conocido como ‘Destino Manifiesto’. Que debe ponerse en relación con la ‘Doctrina Monroe’, enunciada por el Presidente del mismo nombre y que, bajo el lema de ‘América para los americanos’, contemplaba el continente como un espacio vedado para los europeos, en el que Washington se reservaba el derecho exclusivo de injerencia.

Las intervenciones en lo que se ha conocido como su ‘patio trasero’ durante los siglos XIX y XX, basadas en esta filosofía, fueron frecuentes. Y en ellas hay que enmarcar la guerra contra España en 1898, que acarreó el fin de los restos de nuestro imperio de ultramar. Las tesis defendidas por el almirante Alfred T. Mahan siguen vigentes a día de hoy: el dominio estratégico del mar, por medio del control de bases navales y del desarrollo de una potente marina de guerra. Así, con la política del ‘gran garrote’ impuesta por el Presidente Theodore Roosevelt como respaldo definitivo para intervenir en los asuntos internos de los estados hispanoamericanos, en conjunción con la ‘política de las cañoneras’, consistente en situar buques de guerra frente a los puertos de los países a los que se quería forzar a adoptar posiciones políticas favorables a Estados Unidos, se forjó unas visión del continente y del rol del propio país que sigue vigente hasta hoy.

Partiendo de esta base, puede entenderse mejor la decisión de derrocar al dictador panameño Manuel Noriega en 1989, por ejemplo. Así como múltiples intervenciones de naturaleza similar, como la invasión de la isla de Granada 1983. Como en el caso panameño, el derrocamiento de Maduro se apoya en los delitos por los cuales la Justicia estadounidense le ha encausado, que son esencialmente el narcotráfico y el terrorismo anejo a esta actividad. Debe retenerse estoy muy bien: a Maduro no le va a juzgar ningún tribunal internacional, sino la justicia ordinaria norteamericana, que no va a contemplar las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen chavista. Si bien es previsible que estas se dejen caer durante el proceso si las acusaciones pretenden ligar probatoriamente el narcoterrorismo con la actividad política y la naturaleza del régimen bolivariano.

En cualquier caso, Trump ya ha despejado las dudas que pudieran haber sobre lo que se espera sacar de la operación: no tanto el control per se de los recursos petrolíferos de Venezuela, sino el resarcimiento de las empresas estadounidenses por las nacionalizaciones, que conllevará necesariamente la privatización del sector petrolífero total o parcialmente. Privatizaciones de las que serán beneficiarias las empresas norteamericanas que decidan volver a navegar en las aguas del crudo venezolano. Y si, a la par, se elimina una amenaza para la seguridad del país y se retoma una relación de amistad con un gobierno domesticado, mejor. Aunque sólo fuera por neutralizar la influencia de potencias extranjeras como China, Rusia, Irán y Cuba en el escenario.

SEGUNDA. ¿Y AHORA QUÉ?

En Washington son muy conscientes de que la oposición venezolana al chavismo no va a ser un sujeto de negociación tan asequible como los restos del régimen bolivariano que se siguen aferrando a las prebendas del poder. Quiere esto decir que les es más cómodo forzar concesiones a los líderes de un régimen moribundo que a una oposición revitalizada por la captura del tirano. Unos cederán antes y más que los otros. Por otra parte, las lecciones extraídas de los errores cometidos en Irak en 2003 aconsejan el mantenimiento provisional de las estructuras del aparato del régimen que se pretende transformar, en aras de pilotar una transición pacífica hacia la democracia y la celebración de unas elecciones libres. En Irak se desmantelaron las estructuras del Partido Baaz, el de Sadam Hussein, provocando una situación de caos y de desorden que desembocó en una cruenta guerra civil entre kurdos, chiíes y sunníes, que dio lugar además a la aparición del Estado Islámico.

Sabiendo esto, desde Washington entienden que deben mantener el remanente del régimen chavista todavía existente mientras se les fuerza a concesiones económicas y se ponen en marcha las reformas políticas necesarias para garantizar unas elecciones libres. Por esta razón es Delcy Rodríguez y no María Corina Machado ni Edmundo González quien está de momento a los mandos del timón de la nave. Lo cual no descarta que, llegado el momento, María Corina Machado sí pueda emerger como líder de pleno derecho. Líder que deberá verse en la tesitura de aceptar las concesiones que el moribundo régimen chavista haya realizado por entonces a Trump. Por ahora, y pese a los exabruptos políticos de turno, el gobierno de Delcy Rodríguez actuará sometido a los intereses dictados por el gobierno de los Estados Unidos. Una garantía más o menos segura de que no estallará un conflicto civil a causa del levantamiento de las milicias armadas que existen en el país o de una parte del Ejército que, no se olvide, compone el Cártel de los Soles.

TERCERA. UNA NUEVA REALIDAD GEOPOLÍTICA.

Que en el fondo se trata del retorno de una vieja. Y es la muerte del multilateralismo en pos de la actuación unilateral de las superpotencias. El pez grande se come al pequeño. Las naciones poderosas imponen sus intereses a las naciones débiles. Si bien esta forma de actuar en un contexto anterior era vista como algo normal, en el actual -cargado de retórica humanista sobre los intereses colectivos- genera un nuevo paradigma. Salvando las distancias, la invasión de Ucrania por parte de Rusia y la intervención en Venezuela por parte de EE. UU. demuestra que el nuevo orden depende de la voluntad y del equilibrio entre los intereses de los gigantes. Entre lo que se encuentran China y la India, pero no la Unión Europea.

En una actualización de la política del ‘gran garrote’, desde Washington se lanza un aviso a navegantes, especialmente a estados tradicionalmente hostiles como Cuba, y a otros más o menos díscolos como la Colombia de Petro o México. El poder duro es una opción perfectamente viable cuando falla el poder blando. Aunque no es descartable el desarrollo de otras ‘operaciones quirúrgicas’ como esta, es mucho más probable que Trump redoble la presión a estos gobiernos para someterlos a sus intereses, sin que ello implique necesariamente un giro de timón en la naturaleza del gobierno mismo.

Al margen de esto, se lanza un mensaje geopolítico de primera magnitud a China: Estados Unidos no va a vacilar en emplear la fuera para defender sus intereses. Provocando -esperan- que Pekín se lo piense dos veces antes de intervenir directamente en Taiwán o de seguir apretándoles las clavijas por medio de un bloqueo económico creciente. Indudablemente, este efecto se prevé extensivo a la expansión de la esfera de influencia china principalmente en el Sudeste asiático y, en un marco más general, por el resto del planeta. No es descabellado afirmar que el gran objetivo geopolítico del apresamiento de Maduro es China. Como las bombas en Hiroshima y Nagasaki se concibieron como un toque de atención a la Unión Soviética. Los próximos meses evidenciarán si el efecto es el deseado o, por el contrario, este precedente va a ser utilizado por otras potencias -globales o regionales- para imponer sus intereses a otros por la fuerza.


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