EUROPA VIVA 25: UN MOVIMIENTO POLÍTICO CONTRA EL SOCIALISMO
El acto de Patriots en Vistalegre resulta una muestra incómoda de la impopularidad galopante de una ideología que, en todas sus manifestaciones, persigue la anulación del individuo, la generación de pobreza crónica para mantenerse en el poder y la destrucción de las naciones.
Pablo Gea
El asesinato del estadounidense Charlie Kirk ha sobrevolado el acto capitalizado por Vox este fin de semana en Vistalegre, Madrid, como un elemento fundamental que, por sí mismo, ya justificaba el acontecimiento. Especialmente tras las reacciones absolutamente incomprensibles de quienes se dicen demócratas, minimizando -cuando no justificando- la liquidación de una persona que tan sólo se dedicaba a dar charlas en las universidades.

La carga dramática de esto no se ha pasado por alto, y los líderes que han intervenido, desde el propio Abascal hasta Meloni, que ha hecho una aparición tan inesperada como brillante, recibida de manera entusiasta por todos los que allí estaban. Líderes como el húngaro Orbán o el portugués Ventura han hecho énfasis en la importancia capital que tiene el tomar conciencia del discurso de odio propagado por las élites políticas y sus activistas contra la visión soberanista del mundo. Una visión que se presenta como la antítesis milimétrica de Socialismo que, en una tan contradictoria como letal alianza con del globalismo anglosajón, ha devorado la prosperidad de los pueblos y los estados de derecho allí donde ha arraigado. De ello pueden dar buena cuenta líderes como Javier Milei, actual Presidente de Argentina; José Antonio Kast, líder de la oposición en Chile; o Rafael López Aliaga, alcalde de Lima, la capital de Perú. Representantes, cada uno a su modo, de naciones devoradas por una ideología y por un modelo económico cuyo desastroso saldo es innegable.
En Madrid se plasma una realidad que, aunque por muchos negada, se abre paso con fuerza, confianza, exuberancia y, por encima de todo, juventud. Porque desde los jóvenes emprendedores hasta los veteranos obreros, por encima de diferencias económicas o de origen, de raza, color, nación o procedencia, en Vistalegre se ha enervado un grito unificador de una voluntad inquebrantable de abrazar el futuro y hacerlo suyo. El orgullo por la identidad que uno tiene y la legítima defensa contra todas aquellas políticas que están dirigidas a destruirla.

Un mensaje que Santiago Abascal supo recoger con acierto, cuando puso de manifiesto que es la ideología que ha desembocado en la muerte de Charlie Kirk la misma que constantemente deshumaniza y trata de expulsar del sistema democrático a los partidos que no compran su mercancía. Y no ha podido estar más acertado, por cuanto uno repara en los deseos explícitos de muerte que, por medio de mensajería y redes, han recibido las Juventudes de Vox de Huelva, dejando claro su deseo de que el autobús en el que viajaban camino a Madrid se estrellara, con la muerte de todos sus pasajeros. Puede parecer algo hiperbólico o aislado, pero la realidad es que es la muestra de una psicología incardinada en una ideología que niega el derecho de existir al otro y que sólo contempla el sistema democrático como en medio instrumental para implementar su monopolio político y anular la pluralidad parlamentaria. Por eso, no puede uno sorprenderse cuando escucha a cientos de personas, gritar al unísono: ‘¡Pedro Sánchez, hijo de puta!’

