SANTI ABASCAL EN SEVILLA
La crisis desatada por los errores en el cribado del cáncer de mama en Andalucía evidencia la continuidad de gestión entre el gobierno socialista y el gobierno popular
Pablo Gea
Santiago Abascal ha puesto la pica en Flandes. Pero no como muchos imaginan. La crisis desatada por el cribado del cáncer de mama es la gota que ha colmado el vaso para la opinión pública, por mucho que el gobierno de Juanma Moreno haya tratado denodadamente de restar importancia a la cuestión. El problema es que no se trata de un problema aislado, sino de la manifestación más sórdida de una continuidad de modelo de gestión entre los gobiernos dirigidos por el PSOE y los capitaneados por el PP.

Al fin y al cabo, cuando los andaluces decidieron que el PSOE no debía seguir rigiendo los destinos de la comunidad autónoma, lo hicieron exigiendo un cambio no sólo en las formas sino también en el fondo. Puede que las formas hayan cambiado, aunque sólo sea un poquito. Pero el fondo sigue siendo el mismo. Las listas de espera, los problemas estructurales y las dificultades a las que se enfrentan los profesionales día a día repercuten negativamente en los pacientes y los usuarios. Que no pueden comprender como ese soplo de aire fresco que se adivinaba en el horizonte haya acabado en tamaña decepción. Cuando no en serios problemas para su propia salud. Y así todo.
Porque no es necesario que Abascal venga señalar esto. La amplia acogida que ha tenido el líder de Vox tiene como caldo de cultivo el hecho indudable de que las políticas aplicadas por el Partido Popular apenas si han supuesto un cambio de rumbo en todos los demás ámbitos. Desde la política climática al campo, pasando por la desindustrialización y la presión fiscal. Que el Partido Popular se lleve las manos a la cabeza roza lo ridículo cuando en su fuero interno son perfectamente conscientes de que han traicionado sus principios en aras del poder. De la monótona gestión burocrática del poder, que es lo que les interesa. Y nada más. De la apuesta de Feijóo por la Socialdemocracia, Juanma Moreno es uno de sus máximos exponentes. Y de su desatención hacia las políticas sociales también. Razón por la que Vox está quitando voto por la izquierda, es decir, de personas que antes votaban al mismo PSOE, a Podemos, Sumar o Izquierda Unida.
En este escenario, el Partido Popular se queda en tierra de nadie: rechazado por los que debieran ser los suyos y ninguneado por aquellos que nunca serán de los suyos. Como maquinaria política, aguantará lo que su voto prestado le permita. Pero un Abascal saludado por las calles de Sevilla como si de una estrella de rock se tratara, se lo va a poner muy difícil en las tierras del Guadalquivir.
