SE LE FUE LA ALEGRÍA A PILAR
Puede que el escenario que se buscara fuese precisamente ese: sacrificar a Pilar Alegría en aras de generar un miedo a Vox que permita remontar de cara a las Generales. Exactamente igual que con Gallardo.
A Pilar Alegría le entró el pánico a mitad de campaña y tuvieron que ir Óscar López y cía a tratar de salvar lo que se pudiera de este despropósito. Que lo ha sido para el Partido Popular, sí. Pero especialmente para la izquierda. Comenzando por el eslabón más débil de la cadena, está Podemos. Que, como servidor ya tuvo la oportunidad de apuntar en los medios, ha desaparecido del Parlamente aragonés. Pierde 3,07 puntos y el único escaño que le quedaba. El cada vez más delirante discurso de la formación no parece convencer ni a sus bases más militantes. Irene Montero e Ione Belarra no ayudan. Furrieles abyectos de un cada vez más violento macho alfa, que no duda ya en sacar relucir su naturaleza de comisario político. Ciertamente, Dzerzhinski y Beria estarían orgullosos.
Izquierda Unida y Sumar igual, aunque con efectos menos dramáticos. El hecho de ser absolutamente inanes para el desarrollo de la sociedad española quizás les haya salvado el pellejo, pues mantienen el escaño pese a perder 0,18 puntos. Aunque se saben en declive inexorable, incapaces ya de marcar posiciones respecto de un PSOE del que dependen totalmente para seguir existiendo. Como bien lo refleja la posición subordinada que Yolanda Díaz se ha visto obligada a asumir en el juego de roles que nutre este castillo de naipes que es este gobierno Frankenstein.
Y llegamos a las huestes de Pedro Sánchez. El auténtico perdedor, pues la decisión de enviar a Pilar Alegría a contener el desastre que se avecindaba no ha impedido que este se produjera. Antes al contrario, muy posiblemente lo haya impulsado. Porque ello ha convertido a Aragón en un plebiscito en toda regla sobre el sanchismo, algo que la estrategia electoral aconsejaba prudentemente evitar. A no ser que el escenario que se buscara fuese precisamente ese: sacrificar a Pilar Alegría en aras de generar un miedo a Vox que permita remontar de cara a las Generales. Exactamente igual que con Gallardo.
Porque caer 5,26 puntos y perder cinco escaños, pasando de 23 a 18, es mucha tela. A punto de que Vox les alcanzara. Quizás un riesgo excesivo, incluso para un aventurero sin escrúpulos como Pedro Sánchez. Una derrota sin paliativos. O un error de cálculo mayúsculo en ese planteamiento tan bizarro como es dar oxígeno a Vox para arrebatárselo al PP. Cada cual, con su hoja de ruta, que si algo pone de manifiesto es que la mezquindad del bipartidismo está impulsando a Bambú de forma imparable.
Pilar Alegría no es más que un peón. Como tantos otros. Ha tenido que ir allí a defender todas las mentiras y todos los cambios de opinión forzados. Todos los despropósitos y todos los caprichos de su jefe. Por eso, el bofetón electoral es directo. Sin matices de ninguna clase. Y es lo que va a suceder en Castilla y León, y también en Andalucía. La derrota no afecta sólo a una candidatura, sino a un relato, a un espíritu y a un proyecto político. La lectura más contundente de lo sucedido es que el proyecto de Sánchez está herido de muerte. Ninguna de las piruetas ha funcionado, porque las mentiras son tan apabullantes que el respeto por uno mismo que tiene el ciudadano le impide dar su voto en masa a los socialistas.
Pilar Alegría, además, es un miembro del apartado y una mentirosa. He defendido discursos tan delirantes como los bulos fabricados y distribuidos por todas las terminales mediáticas afines, destinados a hundir a la UCO. Ha sido el artífice de la creación de una centralita para llamar a los ancianos y decirles que la ‘derecha’ iba a liquidar el sistema de pensiones. Una vil y torticera iniciativa que contrasta ampliamente con sus declaraciones post-electorales: una oposición limpia y honesta. Juzguen ustedes mismos.
