EN DEFENSA DE CADA SER HUMANO
En nuestras sociedades occidentales, los embriones humanos y los enfermos terminales están menos protegidos por la ley que algunas especies animales.
Antonio Mora
Siempre que estamos en crisis económica resurge el malthusianismo que, mezclado con el ecologismo, el feminismo y resto de ingredientes de la coctelera Woke, acaba en antinatalismo. Si “la capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos”, como erróneamente defiende Malthus, y a eso le sumamos burradas como que “la extinción de la especie humana es algo bueno” (Christopher Manes), “la trampa de la maternidad” (Simone de Beauvoir) o que “el objetivo final de la revolución feminista no sólo es eliminar el privilegio del varón, sino la distinción sexual (..). Sólo entonces terminará la tiranía de la familia biológica y se permitirán todas las formas de sexualidad” (Shulamith Firestone), etc., el ser humano que nace está, ciertamente, amenazado.
Y sin embargo, la demografía y el PIB han seguido una trayectoria similar en los tres últimos siglos. De una población estimada en 1.200 millones de personas en 1850, hemos alcanzado los 8.000 millones en la actualidad. Respecto al PIB per cápita, ha crecido en ese mismo período, de 6.000 a 16.000 dólares. La esperanza de vida ha aumentado y la pobreza se ha reducido del 45% de 1970, al 10% de ahora. Es el resultado de haber introducido la libertad económica en buena parte del planeta.
La ONU estima para final de siglo una población mundial de 11.000 millones de personas y, también, que ese crecimiento se frenará por la caída de la tasa de fecundidad. El nuevo problema es el envejecimiento de la población. ¿Era este el temor de Malthus?
El economista Julián Simon afirmó que los seres humanos “no son únicamente bocas que alimentar, sino también mentes productivas e inventivas que ayudan a encontrar soluciones a los problemas del hombre, dejándonos, en el largo plazo, mejor que antes”. Para él la población es la solución para la escasez de recursos y los problemas medioambientales, gracias a la tecnología. Los recursos no se agotan, no son escasos (“escasez” es un término económico, no físico, y, si los precios de un recurso suben, pasa a ser rentable la explotación de yacimientos del mismo que antes no interesaba explotar). Observó que a lo largo de la Historia, el precio de casi todos los recursos ha ido descendiendo, evidenciando así su abundancia. Los recursos se hacen abundantes a un ritmo mayor al del crecimiento de la población mundial porque todo ser humano crea más valor del que consume. ¿Cómo podemos pensar que seremos más ricos si nace un ternero que si nace un niño?
Lamentablemente, para lo Woke, no importa la verdad, sino lo que se consigue que la gente crea que es verdad. Por eso, en nuestras sociedades occidentales, los embriones humanos y los enfermos terminales están menos protegidos por la ley que algunas especies animales.
Cito de memoria algo que leí, hace muchos años, a José Luis Martín Descalzo, sobre el sentido de la vida: “ que todo ser humano tiene un don, quizás único. Y que el sentido de la vida está en empeñarse, terca y apasionadamente, en desarrollar ese don”. No desperdiciemos dones. Valoremos la vida humana. Urge regresar al sentido común.

Genial Antonio!
Más protegida una gallina que un embrión humano.